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Consejos psicológicos para los propósitos de año nuevo

Consejos psicológicos para los propósitos de año nuevo

Ahora que el Año Nuevo está ahí, a la vuelta de la esquina, seguro que son muchas las personas que ya empiezan a pensar (si no los tienen ya definidos) en los propósitos para este nuevo año.

No hace falta decir, porque es algo que siempre se repite por estas fechas, que hay propósitos que se cumplen pero otros que se quedan en el camino.

Por eso, vamos a ver una serie de recomendaciones que se dan desde un puto de vista psicológico para que este año, sí, podamos cumplir los propósitos para el año que llega.

Tener propósitos realistas
Está muy bien querer ganar dinero, querer solucionar los problemas sociales, o querer perder 25 kilos. Pero es más realista ahorrar más, hacer voluntariado social o ponerse como meta perder 5 kilos. Estos propósitos son más fácilmente alcanzables, con lo que evitaremos la frustración. Una vez logrados, podemos seguir con otros del mismo tipo, y con el tiempo la suma de todos ellos se parecerá más a esos objetivos menos “asequibles”.

Quien mucho abarca, poco aprieta
No hay que pasarse con la cantidad de propósitos. Si nos ponemos pocos, no tendremos que esforzarnos demasiado ni dedicarles demasiados recursos, y por tanto nos resultará más sencillo. Especialmente, si ya nos hemos excedido antes y no ha dado resultado (cosa que ocurre casi siempre). Las listas plagadas de metas no funcionan, mientras que las que tienen una o pocas sí. Y hay que dejar de lado las que no motiven y centrarse en las que de verdad son importantes.

Los propósitos grandes, mejor paso a paso
Hay propósitos que son más grandes que otros, y un ejemplo es el perder peso o el dejar de fumar, especialmente si ya se intentó hacerlo “de golpe” antes y se fracasó. Plantearse metas intermedias es una buena idea, y se puede empezar decidiendo comer menos pasteles/bollería, o fumar X cigarros menos (dos, tres, cinco…) diarios. Cada vez que se complete uno de estos pasos, se pasa al siguiente.

Ponerse un horario
Todos, cuando estudiábamos, teníamos un estricto horario que nos hacía estar en nuestra mesa aunque muchas de las clases fueran de lo más aburridas. Lo mismo ocurre con los propósitos: ser disciplinado y cumplir un horario hace que el objetivo sea más fácil.

Dejarse ayudar
Muchas veces las personas no tienen todos los recursos para lograr una meta y necesitan algo de ayuda. Los libros, los familiares y amigos, e incluso los especialistas pueden brindarnos esa ayuda para los retos que nos resulten demasiado complicados.

Premiarnos
¿Por qué no vamos a recompensarnos a nosotros mismos cuando logramos algo? Pues esto que puede parecer tan simple es algo que muy a menudo se olvida. Las recompensas, siempre que no perjudiquen el objetivo o nuestra salud, ayudan a motivarnos y a seguir adelante.

Contárselo a alguien
Si nos “guardamos el secreto”, sólo rendiremos cuentas ante nosotros mismos y no tendremos “presión externa”. Contarle nuestros propósitos a los amigos o la familia hará que nos pregunten más adelante si seguimos fumando, si hemos perdido peso, si nos hemos apuntado ya a ese gimnasio al que nos prometimos ir… y no podremos escapar de ellos.

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